lunes, 3 de febrero de 2014

Todo tiene su sentido

Me he propuesto intentarlo. No quedarme con las ganas. No quedarme con las ganas... de nada. No perder nada. No ganar nada, y aún así -sabiéndolo-, jugar.

Jugar a no quedarme con las ganas.
Jugar a hacer como que juego sin jugar.
Jugar(mela).
Y en eso estamos, señores.

No tengo inspiración. Lo único que me llega es el eco de mi respiración y eso no sirve para nada, solo para saber que no estoy muerta (que ya es algo). Pero solo para eso.

¿Tenéis un peor enemigo? Yo sí. Creo. En momentos de lucidez me llevo bien con todo el mundo, si el cielo se me viene encima y empiezan a caer Estrellas®, la cosa cambia. Qué paradoja. Yo soy mi peor enemiga. Escribía hace tiempo (mucho) que, sin duda, yo soy la mujer de mi vida. Y repetía, ese mismo día, que aquello no era más que un canto a la soledad. He visto, porfin, La vida Secreta de Walter Mitty, y sí: a mi también se me va la olla como a él. Mezclo temas. Hablo varias conversaciones en una pero, leed atentamente: todo tiene su sentido. El tembleque incesante de la pierna tiene su sentido. El encender un pitillo al acabar otro, tiene su sentido. El ver globos del Vips y pensar en UP!, tiene su sentido también. Yo tengo mi sentido, que no es el sexto que se me presupone, es otro. El escribir sin sentido, tiene sentido. Es como hablar por hablar y... ¿cómo hablar si cada parte de mi mente es tuya?. El tembleque de la mano tiene su sentido: querer escribir y no saber cómo. Y de pronto... me relajo. Y amigos sí, la música sí amansa a las fieras.

A lo que iba, todo tiene su sentido. Pensarte, enumerarte, revolverme, vaciarme. Ocurre que... when you are smiling (que decía Benedetti) the whole world smiles with you. But when you aren't, todo es un desastre. Y es que todo tiene su sentido... Aunque nos cueste (o nos duela) verlo.

Besos.

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